Otra pieza clave y no menos importante es la
metodología. El Proceso de Bolonia abandona la estructura tradicional de clases
teóricas y examen final, para dar paso a un modelo centrado en el estudiante a
través de su evolución en el aprendizaje y de la evaluación continuada por
parte del cuadro docente, lo que comporta horas de trabajo personal y un peso
importante de los trabajos en grupo. Por ello este modelo medirá las horas de
trabajo totales que el alumno dedicará a dicha asignatura para poder alcanzar
los objetivos definidos en ella. Estas horas incluyen las horas de clase
magistral así como la valoración de horas de trabajo personal, horas de examen,
preparación de informes o presentaciones orales, etc. Esto representa una
participación activa del estudiante que pasa de sujeto pasivo a actor de sus
propios estudios. Evidentemente, esta metodología representa una adaptación no
solo del estudiante sino también del profesor quién deberá programar las
actividades en curso y las pautas de evaluación de las mismas a través de
rúbricas claramente especificadas y concretizadas.
Podemos considerar que el Plan de Bolonia nos
ofrece las siguientes ventajas:
-
Posibilidad de incorporación al mercado laboral al finalizar
el primer ciclo (Grado/Bachelor).
- Revisión de las titulaciones cada 6 años para mantener su
acreditación.
Carga de trabajo medida por ECTS.
- ECTS que permiten la movilidad entre países.
- Posibilidad de cambio de titulación sin perder los créditos
obtenidos de la misma rama del conocimiento.
-
Posibilidad de obtener créditos a través de participaciones
en actividades culturales, deportivas, de representación estudiantil,
solidarias o de cooperación.
- Adquisición de habilidades transversales como valor añadido
(oratoria, idiomas, etc.).